Entre muchos, uno de los trabajos menos valorados y que
pasan más desapercibidos dentro de nuestra sociedad es el de repartidor, no
solo aquel que va en moto a las diez de la noche cruzándose media ciudad, sino
aquel que se recorre miles y miles de kilómetros todos los días para que los
paquetes lleguen a tiempo, porque sí, no llegan por arte de magia. Esta es una
situación que me toca de bastante de cerca, pues mis vecinos de entre ocho y
doce años los cuales son como parte de mi familia, ven salir a su padre a las
cinco de la mañana y llegar casi cuando están a punto de dormirse. Este hombre
se puede llegar a recorrer en un día trayectos que parten de Cáceres y llegan a
Galicia, Málaga o incluso Alicante, y no es valorado lo suficiente pues sino
está a tiempo corre el riesgo de perder dinero a lo mejor por una hora de
retraso debido a una rueda pinchada o un peaje lento.
No solo cabe destacar ese caso sino las condiciones bajo
las que trabajan estas personas, por ejemplo un repartidor que va en
motocicleta, al cual le pagan en función de los pedidos que el hagan a la
franquicia pudiéndose pasar horas en la misma hasta que recibe uno, además de
que claro, si hace un calor asfixiante tienes que seguir llevando ese uniforme
que hace que ni siquiera la piel traspire, pero tranquilos que si llueve o
nieva un estupendo cortavientos y ¡Listo! Da mucha pena pensar que la mayoría
de estas personas son gente que tiene estudios, másteres que no solo han
costado esfuerzo, sino más dinero del que incluso les pueden pagar por
transportar un kebab, pero más pena aun es que esas personas según cómo va la
vida laboral actualmente podríamos ser nosotros. El corto que voy poner a
continuación es una crítica a la desvalorización de este tipo de trabajo
dirigido por Pau Rodilla y protagonizado por Carlos Vera.
En él un repartidor de comida a domicilio conduce su
bicicleta por las calles de Valencia, cargando una mochila como muchos otros
repartidores de Just eat, Glovo, etc. Yendo a su destino comparte un monólogo
preguntándose que si realmente merece pasar por los denigrantes tratos y malas
caras a los que es sometido por los clientes que hacen el pedido por ejemplo
como en una de las secuencias en la que dice: ¨Has tardado mucho, ¿qué pasa,
que te has perdido? Me dice el tío con sus santos huevazos y su pijama de
Batman. ¿Pues cuánto quieres que tarde si llevo 12 horas subido a esta bici de
mierda y ya no puedo con el rabo?¨ También habla del exceso de comodidad actual
que incluso podemos llegar a pedir al bar de la calle de al lado, exagerándolo
de forma que hace irónico el hecho de que pudiésemos llegar a pedir un cubata
por Amazon, y destacando también que pedir comida a domicilio es el nuevo lujo
mileurista realizado por otro trabajador que cobra aún menos que tú y hace el
trabajo que a ti no te apetece hacer.
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