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Sobre mí

jueves, 12 de abril de 2018

Buen Trato

Entre muchos, uno de los trabajos menos valorados y que pasan más desapercibidos dentro de nuestra sociedad es el de repartidor, no solo aquel que va en moto a las diez de la noche cruzándose media ciudad, sino aquel que se recorre miles y miles de kilómetros todos los días para que los paquetes lleguen a tiempo, porque sí, no llegan por arte de magia. Esta es una situación que me toca de bastante de cerca, pues mis vecinos de entre ocho y doce años los cuales son como parte de mi familia, ven salir a su padre a las cinco de la mañana y llegar casi cuando están a punto de dormirse. Este hombre se puede llegar a recorrer en un día trayectos que parten de Cáceres y llegan a Galicia, Málaga o incluso Alicante, y no es valorado lo suficiente pues sino está a tiempo corre el riesgo de perder dinero a lo mejor por una hora de retraso debido a una rueda pinchada o un peaje lento.

No solo cabe destacar ese caso sino las condiciones bajo las que trabajan estas personas, por ejemplo un repartidor que va en motocicleta, al cual le pagan en función de los pedidos que el hagan a la franquicia pudiéndose pasar horas en la misma hasta que recibe uno, además de que claro, si hace un calor asfixiante tienes que seguir llevando ese uniforme que hace que ni siquiera la piel traspire, pero tranquilos que si llueve o nieva un estupendo cortavientos y ¡Listo! Da mucha pena pensar que la mayoría de estas personas son gente que tiene estudios, másteres que no solo han costado esfuerzo, sino más dinero del que incluso les pueden pagar por transportar un kebab, pero más pena aun es que esas personas según cómo va la vida laboral actualmente podríamos ser nosotros. El corto que voy poner a continuación es una crítica a la desvalorización de este tipo de trabajo dirigido por Pau Rodilla y protagonizado por Carlos Vera.

En él un repartidor de comida a domicilio conduce su bicicleta por las calles de Valencia, cargando una mochila como muchos otros repartidores de Just eat, Glovo, etc. Yendo a su destino comparte un monólogo preguntándose que si realmente merece pasar por los denigrantes tratos y malas caras a los que es sometido por los clientes que hacen el pedido por ejemplo como en una de las secuencias en la que dice: ¨Has tardado mucho, ¿qué pasa, que te has perdido? Me dice el tío con sus santos huevazos y su pijama de Batman. ¿Pues cuánto quieres que tarde si llevo 12 horas subido a esta bici de mierda y ya no puedo con el rabo?¨ También habla del exceso de comodidad actual que incluso podemos llegar a pedir al bar de la calle de al lado, exagerándolo de forma que hace irónico el hecho de que pudiésemos llegar a pedir un cubata por Amazon, y destacando también que pedir comida a domicilio es el nuevo lujo mileurista realizado por otro trabajador que cobra aún menos que tú y hace el trabajo que a ti no te apetece hacer.







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